Corre el reloj

Corre el reloj

Tic tac corre el reloj. Tic tac cae la arena. Tic tac un sueño se hace realidad.

Aquél que dijo que la magia no existía, debe ser porque nunca viajó. Es que cada viaje para mi, en parte, es un sueño hecho realidad, un poco de magia sin Harry Potter.

Tic tac se van descontando los días. Tic tac tengo que armar la mochila. Tic tac tengo que elegir el libro para llevar.

Tic tac voy a ser muy feliz.

(Tic tac lo voy a extrañar tanto!) 

Recurriendo a la duda

Recurriendo a la duda

En esta cabeza mía que no deja de elucubrar ni un segundo hay ideas, preguntas, dudas existenciales (y no tanto) que van y vienen recurrentemente. He aquí algunas de ellas:

¿Cómo saludar a otros pacientes de tu terapista al entrar y/o salir de la sesión? ¿Corresponde beso, manito o sólo movimiento de cabeza?

¿Los chinos hacen salidas al “Barrio Occidental”?

A veces también pienso cosas serias como: ¿Qué hacer cuando en un trabajo se te obliga a ir contra tus valores?

Soluciones todavía no tenemos, sino yo no estaría acá, imprimiendo pilas de papel mientras mi cerebro está en su máxima expresión de alerta antiecológica. Pfff!

Viejos sábados

Viejos sábados

El ruido del microondas calentando comida, una alarma que suena en algún piso. Las 5 líneas de colectivo que pasan 4 pisos más abajo, y ahora el tiqui-tiqui de tus dedos en el teclado que tanto extrañabas.

El ruido del silencio. Y ese momento a solas que tanto sabés disfrutar. Las cortinas rojas reflejadas en el espejo, el mismo cuadro de Andy Warhol del viejo cuarto ahora a tus espaldas, y ese sentarte a escribir como en los viejos sábados.

Cambió el barrio, cambiaron los ruidos y la cortinas, pero el tiqui-tiqui sigue ahí. Expectante. A veces tímido.

Los viejos sábados también permanecen en esencia, sólo que ahora el momento a solas se termina cuando él vuelve de actuar. Y por muy esteparia que te hayas jactado de ser, nunca estuviste tan feliz de que alguien irrumpiera en tu soledad.