Ecuaciones

Las situaciones extremas son momentos clave. Duren lo que duren son vuelcos, saltos; sean más o menos fuertes estas situaciones nos cambian, para bien o para mal haciéndonos crecer.
Si la vida es un proceso de crecimiento y maduración, entonces las situaciones extremas no son más que el motor, dando sentido o significado a nuestra vida.
Cada cual tiene sus momentos, los siente de manera distinta, pero siempre hay realidades en nuestras vidas que nos marcan.

Crecer es duro, dejar cosas atrás cuesta; pero creo que en el momento en el cual uno se desconoce, duda de sí mismo, de lo que piensa y hace, es entonces cuando damos paso al crecimiento. Cuando sentimos que no podemos volver a ser lo que éramos, entonces hemos crecido.
Es un proceso puramente mental y emocional, por eso a cada persona le toca en un momento diferente. Sin embargo no es algo azaroso, influye el factor tiempo, la voluntad misma de cada individuo e, inevitablemente, su historia personal. De todas formas se trata de la vida misma, y el factor sorpresa nunca desaparece.
Tal vez sea yo. Ya que es la historia de mi vida pensar, repensar, analizar y volver a analizar las cosas en mi cabeza. El constante ejercicio puede ser tortuoso muchas veces, pero otras te salva y evita el dolor. Pero me pregunto: ¿sirve esto? ¿De qué sirve evitarse el dolor si te aleja de vivir algo que podría ser maravilloso (o no)? Este es el dilema, y puede volverse una cualidad completamente restrictiva y utilitarista el hecho de que, por evadir el sufrimiento y la vulnerabilidad se termine por evitar cualquier situación límite en los sentimientos o, incluso, simplemente sentir algo.La vida no se trata de opciones fáciles, de “salidas de emergencia” a la mitad del camino. No se supone que todo lo que hagamos lo hagamos bien, ni que cada decisión que tomemos sea la correcta. La vida es, valga la redundancia, para vivirla, con todo lo que ella implica. Por eso, ¿qué sentido tiene decidir en pos de evitarse un posible sufrimiento futuro si, al tomar esa decisión, estamos sacrificando felicidad actual, aunque ésta sea solo momentánea? ¿Qué sentido tiene esto si vamos a evitar sentir algo? Al fin de cuentas, sea dolor, sea felicidad, sentir nos hace experimentar, y nos hace estar más vivos.Tampoco es cuestión de aplicar la filosofía del laissez faire- laissez passer, del “solo importa el hoy”, ni mucho menos una visión hedonista de la vida. Evidentemente no podemos vivir solo del presente dejando de lado el futuro o incluso el pasado y la historia personal de cada uno, pero de nada sirve solo tender lazos hacia el futuro o atarse al pasado si no nos ocupamos de ver a nuestro alrededor y vivir el hoy. Tiene que ver con el valor de tomar riesgos en la vida. Hablo de decisiones que pueden implicar pequeños o grandes riesgos. No hablo de saltar al vacío desde la terraza de un edificio de treinta pisos sino, por así decirlo, a confiar en ese instinto de reminiscencia animal que tenemos y actuar en consecuencia, “jugársela” por ese algo que queremos y no solo hacer cosas porque “debemos”.
Es evidente que esto hay que tomarlo con pinzas, no es cuestión de andar de acá para allá haciendo todo lo que queremos desconociendo cualquier tipo de autoridad; la vida es mucho más compleja que eso, y tampoco tiene sentido dejar de hacer algo que queremos o tomar una decisión en base a una especie de ecuación lógico-matemática que nos lleva a pensar que de hacer tal o cual cosa evitaremos tal otra después. Como dije, la vida es mucho más que un silogismo o una ecuación con felicidad y sufrimiento como variables, por lo tanto no se puede andar haciendo las cosas, tratando con la gente, tomando decisiones sentimentales, laborales o del tipo que sean guiándonos por una lógica economicista o utilitarista de costo-beneficio. Esto es esencialmente porque el hombre en su naturaleza y en sus interacciones es algo más complejo. Lo que hoy es de una manera, mañana puede ser de otra, lo que hoy nos satisface, quizás mañana no; por lo tanto deducir que si hoy A=B entonces mañana A=B no tiene sentido. Mucho menos sentido tiene entonces decidir en base a esto, primero porque lo que en un determinado momento te gusta o te hace más o menos feliz puede no ser así en un momento posterior; y segundo porque al estar teniendo en cuenta una “variable futura” tampoco tenemos la certeza de que efectivamente sucederá, por lo que tiene completamente poco sentido determinar o decidir algo solo porque conjeturamos que tal otra cosa sucederá si no lo hacemos o, justamente, para evitar que suceda.
Es obvio que no hay soluciones mágicas ni recetas únicas, no hay guías para la vida que nos digan como resolver los conflictos o dudas que se nos presentan. Pero bueno, la vida no se supone que sea fácil, ni mucho menos resuelta… la gracia y el sentido están ahí. Al fin de cuentas la vida es lo que hacemos de ella cada día; por eso es cuestión de plantarse y recibir cada nuevo día como único y con sentido común resolver cada situación que nos presente, dejar salir esa creatividad de que somos capaces, y disfrutar, vivir las sorpresas que se nos despliegan.