Retro

Siempre me gustó la palabra restrospectiva.

Me gusta la idea de mirar hacia atrás desde el hoy, de pensar que el presente y el futuro se encuentran enlazados con el ayer por un tejido penelopezco y eterno que no se deshace cuando llega la noche.

Me atraen esos retazos de pasado, de lo que fuimos, que la marea mezcla con las piezas de lo que somos y aquellas de lo que queremos ser.

La retrospectiva tiene esa doble posibilidad, esa doble chance implícita de reconocimiento o de extrañación, que sólo la marea (el tiempo) nos llega a develar.

Entonces llega un día en que mirando hacia atrás, no nos reconocemos y no encontramos en el pasado al mismo que hoy somos o a ése que queremos llegar a ser. Llegan momentos en que incluso ésas partes de otros que se marmolaban en nuestro ser, se desprenden. Llega un día en que las piezas que formaban el todo ya no encastran, y es allí cuando viene el tiempo (la marea), y con un soplo del sudeste [punto cardinal totalmente arbitrario] revuelve, inicia y le da inercia a toda suerte de fuerzas que traerán nuevos retazos, nuevas partes para el todo.