Secuencia otoñal

Secuencia:

1) Hoja se desprende de la rama del árbol.
2) Brisa sopla.
3) Hoja cae a modo de paracaidista.
4) Persona pasa caminando cerca del árbol.
5) Hoja se posa delicadamente cerca de su pie.
6) Persona cae en la cuenta de que llegó el otoño.

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Sí, persona soy yo. Y 10 días en delay caí en la cuenta de que estamos en otoño, quélevamo’ahacé.
No lo digo con tono de “la puta madre llegó el otoño” kinda way, porque todas las estaciones tienen lo suyo y he aprendido a disfrutarlas cada una a su modo. Me gusta mirar las pequeñas cosas que cambian, los lindos pequeños cambios que de a poco comienzan a aparecer y notarse. Me gusta mirar cómo el viento otoñal trae muchas cosas, y se lleva otro tanto…

Sacando a relucir mi costado self-centered, el otoño trae mi cumpleaños. Un nuevo año de los míos, ése día que de chica me gustaba extender por una semana y que hoy sigo disfrutando. Culpo a madre por siempre hacer de mis cumpleaños a big deal. Ahora es como que está demodé. Pareciera que hay que deprimirse y odiar ése día. Qué se yo, díganme loca, pero a mi me gusta recordar que estoy viva.

Lógicamente, el otoño le dice adiós al verano, un verano que me llevó de viaje al frío y que me dejó de recuerdo una nueva peca en el labio superior. Con él, se lleva el calor agobiante de Buenos Aires, la pesadez que anuncia tormentas con una semana de anticipación, los atardeceres tardíos y la excusa de seguir estando de vacaciones in eternum.

Se lleva el verde de las hojas (salvo las del ficus), trayendo la gran tentación de los transeúntes y ciclistas: los montoncitos de hojas secas en las veredas y calles, cuyo crujido al pisarlas hace música con las otras hojas secas que aún están en las ramas y son sacudidas por la brisa que aún no es viento. Nada peor que el rocío matinal para destruir tal ilusión (la de hacer música pisando hojas) o para contribuir a más de una patinada indeseada – lo digo por experiencia-.

El otoño trae días más frescos y cortos, que, gracias a que estamos lo suficientemente lejos de los polos, nos dejan hacer como si algo del verano persistiera. Por eso el otoño, por lo menos durante sus primeros días y hasta bien entrado el mes de abril, trae esa confusión térmica que enloquece a los friolentos y acalorados. Botas hasta la rodilla conviven con sandalias, y yo mientras tanto sufro por los pies apretujados en esas botas pidiendo a gritos respirar un poco.

El otoño tiene dentro de si la nostalgia del verano, y la esperanza de una primavera después del invierno.
Promete hojas, viento, frío y una linda manta para taparse y ver películas (si es acompañado y con chocolate, aún mejor). Ahora, el calor que se escapa hacia el norte del Ecuador empieza a tomar otras formas. Se acurruca a la hora de la siesta o una mañana de día lluvioso. Hierve en las primeras sopas de la temporada. Se quema y vuelve humo en las chimeneas que tímidamente empiezan a prenderse.

El otoño está aquí para quedarse. Así que me voy a por mi manta cuadrillé, chocolate en rama y una buena película. Care to join me?