Claustrofobia educativa

Volví a las aulas. Y las primeras sensaciones que se me vinieron al cuerpo fueron las de encierro e inquietud*.

Claro, más de un año de abstinencia aulística**, abtinencia de tantas horas seguidas en la misma posición prestando atención a un bla bla ininterrumpido no es poca cosa (a esto hay que sumarle que mis pies son insoportablemente movedizos).

Si bien es una instancia de estudio que elijo y estoy contenta de haberlo hecho, si bien se da lugar para el debate y la divergencia de opiniones, no puedo sacarme de encima las ganas de no querer estar ahí, encerrada y sofocada. Disfruto de la charla, de escuchar y compartir opiniones, pero me irrita tener que estar en filas, unos atrás de otros, todos mirando en la misma dirección cual batallón de combate (lo digo no tan metafóricamente hablando, dudo que sea casualidad la forma en que siempre nos hicieron sentar). Me molestan las paredes blancas y esa luz artificial que me provoca sueño. Me molesta no tener un café amarguito frente mío y que mis compañeros no estén sentados en ronda.

Definitivamente este sistema educativo que heredamos de la Ilustración no responde a la realidad del hombre de nuestro siglo. O por lo menos no responde a mi realidad e insoportable inquietud.

Éste video lo explica mucho mejor que yo. Enjoy!

* cualquier relación con The Wall y con mi gusto por Pink Floyd probablemente no sean meras coincidencias
** esta palabra sí la inventé