Lego, Rasti o Gorila

Con la mente predispuesta en que para escribir más tengo que leer más, me dispuse a ver qué había dando vueltas allí en la nube (igual dejé Mafalda y Borges en mi mesa de luz, como para leer un cuento o historieta antes de dormir).

Empezando por blogs de amigos, ex-compañeros de laburo o facultad  y sus respectivos enlaces amigos descubrí que hay todo un mundo en el cual yo tan sólo había asomado mi nariz por instinto. Me di cuenta de la existencia de muchas reglas que desconocía, y en el fondo me quedé con la misma sensación de extrañeza que muchas veces me produce el mundo no-virtual, sensación de ser ajena o no encastrar del todo (algo así como ser un Lego en un juego de Rasti, o viceversa).

Muchos espacios cuasi-diarios-íntimos anónimos ventilando detalles. Muchas mujeres despechadas intentando comprender al sexo masculino (y sus peripecias en este intento). Mucho blog político oficialista (y de los otros también). Mucho “personaje virtual”. Mucho de muchas cosas. Y a la vez, mucho de nada.

Llegué así a la tenue conclusión de que el mundo virtual parece ser una reproducción bastante fiel del no-virtual (o “real”), y para colmo, tengo la leve sospecha de que ocupo el mismo rol en ambos lugares: pequeña, de muchas palabras a veces y muy pocas otras, inquieta e impaciente, transparente aunque no quiera, parada en un pasillo.

Puedo decir que ya pasaron años desde que resolví el dilema del encastre social. Ése que de niña me hacía mal cuando no entendía por qué “un grupo de chicas hablaba mal del otro grupo” o “por qué no podían ser todas amigas”. Y yo siempre en el medio (del pasillo), y con lágrimas en los ojos, obvio.

Consejos de madre e introspección mediante, con el tiempo aprendí a valorar esa sensación de extrañeza, e incluso llegué a preferirla. En este camino encontré huequitos, espacios que fui haciendo propios, rocas bajo las cuales refugiarme. Encontré amistades y gente que, como yo, elegía no convertirse en gorila*.

Al fin de cuentas, ése no-encastrar con “el resto” se convirtió en un perfecto encastre y homogeneización con quienes se me sumaron o a quienes me sumé en el camino. Después de todo, supongo que no había un lugar al que había que pertenecer, porque ése lugar ya estaba en mi.

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* Convertirse en gorila no es una alusión política anti-peronista. Hace referencia al capítulo “Life among the gorillas” de How I Met Your Mother, en el que Marshall opta por realizar una especie de estudio antropológico (similar al que había hecho la autora del libro que lleva el mismo nombre del capítulo, tratando de vivir en comunidades de gorilas en África), que lo lleva a cambiar o adaptar totalmente su personalidad y modos de actuar para ser aceptado en su nuevo trabajo.

[Las ideas para este post que tengo en borrador desde hace un tiempo, surgieron de una conversación respecto al capítulo citado. Por esta razón, no todos los créditos deben ser míos. Las buenas conversaciones requieren más de un buen conversador]