Prefiero seguir sus pasos*

Cuando me pregunto sobre la libertad, me miro los pies.
Es que ellos sí que saben.
Arqueados, pequeños. Bailarines clásicos frustrados. Tímidos y silenciosos.
Siempre tratando de pisar fuerte y dejar una huella (vamo’ a ve’ cómo les sale)

Mientras, yo sigo en la pinturería (tratando de elegir colores para pintar mi vida)
Pero ellos no, ellos ya la tienen clara.

Mis pies quieren libertad. Eso es lo que quieren.
No quieren medias cuando duermen ni medias en verano (pfff les dan calor!)
Quieren ojotas que los dejen respirar, o si es posible, nada entre ellos y el suelo firme que añoran.
Quieren despojarse del calzado cuando llegan de la calle,
desnudarse y acariciar la alfombra con todos y cada uno de sus dedos,
sentir el frío del cerámico del baño,
las cosquillas del pasto,
el roce de la sábana fría en el fondo de la cama.

Mis pies odian sentirse prisioneros.
Sufren el encierro.
Sueñan con volar y pisar nubes, pero se contentan con correr (o nadar)
Los veo enlazarse instintivamente, y me doy cuenta que son uno con el otro.
Son compañeros entrañables, que quieren ser libres, pero libres con el otro.-

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* libre (aunque mínima) adaptación de “Pasos”.