Uno y muchos

Extrañaba sentarme a escribir. Extrañaba mirar el sol escondiéndose detrás del árbol del jardín. Extrañaba poder conectar con esa otra yo. La de los borradores y temas inconclusos. La que tiene ideas bajo la ducha, o en ése último segundo de lucidez antes de desvanecerse en los sueños.
Pero también extrañaba a otra yo (diferente a la nombrada anteriormente). Extrañaba a la que camina rápido para no llegar tarde. La que aprovecha the commute para leer y escuchar música (al mismo tiempo, o no). La que calcula los minutos que le quedan para dormir (y trata de optimizarlos).

Es que sí, parece que soy una, pero también muchas a la vez. Y lo divertido de ser uno y muchos, es hacerlos convivir. Es encauzar las potencialidades de cada uno de los muchos que somos para que sean diversos en la unidad. Lo divertido es intercambiarlos y hacer equilibrio en una soga, buscando que ninguno deje de ser lo único que es. Lo divertido es seguir viajando y descubriendo que no importa donde vayamos, siempre habrá un nuevo yo por encontrar.