Me, revisited

Por primera vez allá por 2005, y luego varias veces más en los siguientes 4 años, me crucé con un término que me llamó la atención. Leyendo a dos autores que son un must de la teoría de las relaciones internacionales y política internacional, descubrí que hasta las mentes más entrenadas, los referentes más importantes, de quienes se espera no menos que teorías permanentes e inquebrantables en el tiempo, pueden ser (y son) falibles. Es que sí, son humanos, cometen errores.

Long story short, resulta que Keohane y Nye habían escrito el libro “Power and interdependence” en 1977. Una década más tarde el mundo era otro, y ahí es cuando sale “Power and interdependence Revisited”.

Me gustó el término. Me gustó, y me quedé pensando si algún día podría aplicarlo a mi, en una especie de versión mejorada y revisada de mí misma.

Sigo pensando que la vida es una obra de arte eternamente inconclusa, un hermoso arcoiris de caos. Pero aunque siempre podamos agregar nuevos pigmentos, hay colores que permanecen adheridos aunque se use el solvente más fuerte para intentar sacarlos (como esas calcomanías pegadas en los vidrios de la pieza desde nuestra niñez). Y en eso pensaba. Pensaba en cuánto podemos cambiar de lo que somos, no de nuestro entorno, de lo que hacemos ni de hacia donde vamos. Cuánto podemos cambiar de esas reacciones, de esos modos, de esas tendencias que tenemos tan arraigadas. Pensaba en si depende de nuestra voluntad, de reconocer cierta falibilidad, y de sentarnos a escribir, como Keohane y Nye, porque el mundo cambió y la teoría ya no se corresponde con la realidad.

Optimista (o poco realista para algunos), me gusta pensar que si. Prefiero pensar que siempre estamos a tiempo de hacer una versión revisada de nosotros mismos. O mejor aún, que nunca habrá una versión final sino constantes borradores inconclusos.-

“Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.

Milan Kundera
en La insoportable levedad del ser