Curious as George*

En realidad no fue la curiosidad la que mató al gato.
La curiosidad fue la que lo mantuvo vivo y lo hizo ir más allá de la cómoda quietud, de la simple y crédula constancia de su (felina) vida.

Su muerte fue consecuencia no de la curiosidad, sino de la impaciencia. Impaciencia por cruzar, impaciencia por arribar al otro lado de la calle. Una impaciencia que sin siquiera saber bien qué había o qué buscaba, lo mantuvo incansablemente urgido por llegar.

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* Título en referencia a Curious George, el mono. Influida por similar referencia hecha aquí.