De café y casualidades

Entre borras de café y palabras que volaron con el viento de este otoño, me quedé pensando en las casualidades y causalidades. Me quedé pensando en el valor que tiene para mi el imprevisto, y en cuánto más lindo me parece no saber las cosas de antemano. Me gusta creer que todo esto es un juego, un libro con múltiples finales posibles, de capítulos intercambiables en su orden cuya combinación aleatoria o pensada da como resultado diferentes mezclas con distinto significado (sí, esto es una alusión a “Rayuela”).

Y entonces recuerdo que no hace falta que las casualidades y las decisiones sean opuestos extremos dentro de un continuum, sino que pueden ser componentes heterogéneos que van de la mano de la voluntad humana.

Causa y casualidad.
Es muss sein (tenía que ser) y es könnte auch anders sein (podía ser de otra manera).

Es que sí, irremediablemente muchas cosas me llevan a ti, Kundera…

“Hace siete años se produjo casualmente en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa del cual llamaron con urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenía casualmente ciática, no podía moverse y envió en su lugar a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había cinco hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente a aquel donde trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida del tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomas.
Hizo falta que se produjeran seis casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si él mismo no tuviera ganas.
Regresó a Bohemia por su causa. Una decisión tan trascendental se basaba en un amor tan casual que no hubiera existido si su jefe no hubiera tenido la ciática hacía siete años. Y aquella mujer, aquella personificación de la casualidad absoluta yace ahora a su lado y respira profundamente mientras duerme”.

Milan Kundera
en La insoportable levedad del ser