¡Qué empiece el juego!

Como los vidrios de colores dentro del caleidoscopio, la vida y el arte se funden.

Y el arte me enseña que, como en la vida, en el arte no siempre hay que andar buscando un sentido, una razón, una verdad única, un orden, una consecuencia. En el arte, como en la vida, el juego de luces y sonidos nos puede mostrar (incluso en las penumbras) que somos nosotros mismos quienes vamos construyendo lo que vemos.

Y la vida me enseña que, como en el arte, los giros que puede tomar la trama son infinitos.

¡Qué empiece el juego!