Un tapón

Cansado de que el agua se le escurriera entre los pies hacia el destino inhóspito de las oscuras cañerías, finalmente le puso un tapón a la bañera.

El agua acumulada, cuyo encierro le recordaba al de un lago, le traía deseo de más agua. Agua y más agua. Cada gota que caía, lo hacía aún más incapaz de cerrar la canilla (el grifo).

Llegó un momento en que la cantidad de agua sobrepasó la capacidad de la bañera, y comenzó a rebalsar.

Baño inundado. Alfombra mojada.

Lo bueno de cuando un recipiente con líquido rebalsa, es que se lleva la suciedad consigo, y el agua que logra permanecer en el interior, retorna, cristalina y pura, a la quietud.