Lo mío es arte, beatch

No hay nada más inevitable que procrastinar. Dejar para otro día, para mañana, para la semana / el mes / el año que viene.

En mi caso, pasé años escudándome bajo esa idea de que el futuro era algo lejano, algo que llegaría una tarde de domingo de un día muy alejado. Primero fue el secundario: las cosas importantes llegarían y las haría una vez que lo terminara. Después fue la universidad: y no, hasta que no me recibiera era mejor no hacer tal o cual cosa. Inconscientemente también fue la familia, los amigos, un noviazgo. Cosas que puse como excusa, como traba o razón para hacer o dejar de hacer cosas, cuando en el fondo sólo yo sabía que la cuestión radicaba en otra parte. En ese constante arte de procrastinar. Y en el miedo, ¿por qué no? Una suerte de miedo al abandono de determinada realidad o status quo (letting go’s hard), aunque jurara y perjurara que mi capacidad de adaptación al cambio existía. Y claro, no es que no fuera capaz de adaptarme, no es que me gustara la pasividad y la rutina inmutable. No. Pero dejar para otro momento siempre era más fácil que preocuparse en ese momento.

Y llegó un día en el que te diste cuenta que si seguías procrastinando con determinadas cosas, la que se iba a tener que joder eras vos. Y el futuro, ese futuro tan lejano del que hablabas, en realidad ya estaba acá. Pff, changos! Porque no, ya no tenés 15. Y no, ya no podés responsabilizar a madre.

Así que en un breve y solemne acto de self-awareness decidí dejar de procrastinar*. Decidí que más vale dejar de ser tan cuidadosa, tan insoportablemente racional (as in: razón) y racionalizadora (as in: ración) con mi vida y el tiempo (and the people in it), tan creyente de que mis esfuerzos actuales me proveerán eventualmente una mejor oportunidad que la que tengo hoy. Quizás sí… ¡Pero quizás no! Entonces, ¿qué mejor que intentar vivir pensado que hoy es el día de las mejores oportunidades? ¿no?

Vamos a ver qué pasa. Igual no prometo nada.

Por lo pronto puse manos a la obra y empecé con un par de cosas que van en pos de esta idea de vida menos procrástica: el martes empiezo un taller de narrativa (yey!), puse función ahorro en modo on para obligarme a decidir en el corto plazo respecto de “el viaje”, activé gestiones para un posible futuro en el plano docente-académico.

Sí, ya sé, no es gran cosa. Pero algo es algo, che! Total para el resto habrá tiempo después…

Not!

* Aclaración: la determinación refiere a cosas verdaderamente importantes o life-altering. Se harán consideraciones respecto cuestiones más banales, pemitiéndose la procrastinación en esos casos (idealmente de carácter no permanente): ir a la peluquería, ordenar las fotocopias de la facultad, leer a tiempo para las clases, comprar un secador de pelo y un alicate, etc.