Movimiento

La que pasó fue una semana de movimiento. Movida. Movilizadora en mil y un aspectos.

Empecé dando un paso atrás para poder dar dos hacia adelante, alejándome, para terminar haciéndome amiga de un viento que de algún modo me llevaría más cerca.

Enfrenté esa charla inútilmente pospuesta durante (dos) años con el pasado, para reafirmar que cada uno está donde quiere estar, y que lo que pasó (ese pasado guardado -porque pisado suena horrible-) sirve de historia y sustento para el ‘hoy’ de cada uno, y el que tenemos en común.

Cheshire Cat

The Cheshire Cat

Y también empecé y enfrenté un nuevo desafío: di el salto y me animé a escribir.

Parece que el movimiento no viene mal, y se hace presente a modo de hechos insólitos.

Una corazonada me dice que estoy dando los pasos indicados hacia algo que todavía no sé qué es (y no me importa saber), algo que ya empezó, de una manera extraña, a dar sus frutos inesperados. De repente se genera un forwardeo familiar de un escrito compartido con madre. Palabras como ‘orgullo’ me golpean de sopetón, y personas varias (algunas incluso desconocidas) me incentivan a que me anime a alimentar las palabras porque ‘acá hay algo’ por ser descubierto. De repente estoy más sensible que nunca, y me ronda por el cuerpo ese tipo de movilización ‘para bien’, que viene acompañada de positividad en modo on. De repente, en una semana me crecí todo lo que no había hecho en años (aunque no para arriba precisamente), y aún así de a ratos me sentí chiquita otra vez, empecinada, caprichosa -no quiero, no quiero, no quiero-, pero también más verdadera, con menos capas de cebolla, con los oídos libres para escuchar la frase ‘¿querés ser mi amiga?’.

Extraña semana. Linda semana. Una semana que tenía todas para decepcionarme, pero la agarré de prepo y le inventé una sonrisa ¡Ja! ¿Qué me decís, eh?