Recetas

-No estés mal- te digo. ¡Ja! Como si eso sirviera de algo. Como si cualquier cosa que alguien dijera pudiese realmente sacar ese sabor amargo que corre por tu garganta.

Lo cierto es que no hay una forma de enfrentarlo. No hay una verdad universal que te enseñe a lidiar con aquello que no se puede alterar. Pero no te preocupes. No te empecines en buscar la manera de hacerlo, ella te va a encontrar.

Es que para la vida no hay recetas. Algunos le ponen más azúcar, otros le ponemos menos (aunque sólo sea al café). Algunos revuelven con fuerza y delicadeza, otros veloz y decididamente.

No hay recetas para el amor, ni para el dolor. No hay una fórmula secreta para enfrentarse a la pérdida o al adiós, ni siquiera para la alegría y las bienvenidas.

Sólo nos queda vivir. Y vivir es arriesgarse a agregar esa pizca de sal que puede cambiar el sabor de algo completamente.