Gamas

Se inventaron una escala de grises, o rojos, o amarillos.

Que sí, que no, que tal vez. Que nunca, que siempre, que algún día.

Mientras tanto, las estaciones pasan. Las hojas caen y el viento las vuela. Los brotes crecen y el sol los ilumina. El calor agobia, pero por alguna razón ellos se empecinan en dejar el hielo fuera del freezer.

El agua congelada se derrite y se mezcla con los rastros de café de la mesada, y a ellos no les importa una mierda. La humedad pegajosa de Buenos Aires se funde en el recuerdo de sus encuentros. Mientras, el agua de la mesada se evapora. Empieza a llover (café en el campo, como en la canción) y ella empieza a llorar (café también, pero del amargo).

‘La puta madre’, dicen.

Cansados de tantas gamas, se quejan y reniegan. No quieren estúpidas razones ajenas o explicaciones místicas. Cansados sus brazos de tanto remar contra la corriente quieren, quizás estúpidamente, seguir avanzando, seguir remando hacia ese horizonte de amarillos, naranjas y rojos donde las gamas son una y las ganas, muchas.-