De escudos y palabras

Es difícil ser arqueólogo de uno mismo. Desenterrar y asociarse con el historiador para atar cabos y encontrar la cronología. Llamar al antropólogo para entender el origen, o al psicólogo para indagar los por qués.

En medio del desierto, cepillito en mano, trato de desempolvar restos de la cultura ancestral de mi ser. Una lucha mano a mano con el viento impredecible que quiere volver a cubrir todo a gusto y piacere.

Trato, pero no logro encontrar el primer eslabón. No puedo determinar aquél momento inicial en que empecé a construir esta coraza hecha de palabras. Esta armadura creada con la fundición de vocablos propios y ajenos que me protege ante el gris de los domingos devenidos lunes.

Escudos y palabras comparten la doble posibilidad de servir para enfrentar y esconderse. Cubrir o afrontar.

Lo que yo quiero, mientras sigo acá desenterrando, es esconderme menos y enfrentar más. Es ir de la mano de las palabras, chocarme a la realidad de frente y mirarla a los ojos sin titubear.