Radio y visitas a otro conurbano

Resulta que mi más reciente cambio laboral me tiene visitando Barracas diariamente. Del prejuicio bañado de Riachuelo, estoy pasando al cariño de esta zona donde abundan las calles empedradas y el silencio, y que luce como un San Telmo sin pintar. Muchos árboles, casas con puertas antiguas, negocios sin marca: barrio, básicamente.

En este día de asueto para algunos (not me, clearly) obvié el combo hasta ahora clásico de combi+bondi y opté por venir con vehículo. [Todavía estamos calculando costos y evaluando pros y contras muy al estilo FODA]

En fin, venía escuchando la grabación de la tía Miriam de la novia de Diego Scott cuando me pasé de la bajada en la que tenía que salir. Después de eso ya está el puente, y abajo el Riachuelo, y del otro lado un conurbano distinto al mío (aunque con los mismos carteles naranjas). Sin encontrar giros hacia la izquierda para retomar por el punte que me había dejado en lo que asumo era Avellaneda, tuve que doblar a la derecha sabiendo que me arriesgaba a la discrecionalidad de algún urbanista amante de las diagonales. Operativos de gendarmería de por medio, me topo con un puente de menor calibre que me llevó a una calle empedrada por la que hice 4 cuadras, doblé a la izquierda y estacioné frente al trabajo.

Pff, genial! y yo que temí perderme sin Filcar ni GPS a mano.

Parece que este lugar es raro y me está empezando a sentar bien.