Más allá de hoy

Las personas (yo) muchas veces funcionamos a base de expectativas o hitos futuros que parecieran darnos (darme) la fuerza necesaria para sobrellevar momentos tediosos, jornadas laborales agotadoras, clases de historia económica hasta las 23hs. en invierno, and so on.

¿Qué pasa cuando cumplimos esas metas que nos ponemos a nosotros mismos? Cuando terminamos la facultad, cuando terminamos el año o llegamos vivos al viernes?

En un primer momento, claramente, está el disfrute del logro. Pero pasada un poco esta alegría de la conclusión de una etapa, sobreviene la conciencia de disponer un tiempo que antes se tenía ocupado y el pensar qué hacer con él. Sobreviene, en muchos casos, el tanteo incipiente de la realidad, de lo que se quiere hacer, de lo que se es o se quiere ser. Sobreviene también la duda, la indecisión.

Hasta que un día azul (del bueno) te das cuenta que ahogarte en un vaso de agua ya no es una opción y optás por mirar alrededor con otros ojos. De repente te das cuenta que los hitos, metas y objetivos no son algo estático, porque nosotros no lo somos. Y te animás a jugar, a improvisar con tinta en una hoja en blanco, a mancharte los dedos y ensuciarte los pies.

Así estamos. Ahora divido mi tiempo entre varias ideas o proyectos futuros. Uno es hoy. Otro la semana que viene. Perú dentro de 3 meses.