Carrera de palabras y silencios

Últimamente estuve muy callada por acá. Aún así, algún que otro post semanal logró disfrazar la escasez de palabras y simular una presencia que, aunque tímida, era una presencia al fin.

Esas ganas de querer decir tantas cosas y no encontrar la primer palabra para una primera oración de un primer párrafo. Y entonces darle espacio a las palabras para que siguieran su instinto y se escondieran si era lo que querían, o para que buscaran fuerza en el silencio si era lo que les hacía falta.

Después de todo gran parte del arte está ahí. No en unir dos vocablos armoniosamente para que signifiquen algo o suenen de forma hermosa, sino en coordinar silencios de manera que logren tener un sonido, un sentido y un significado.

Es allí donde incluso lo no dicho puede tomar más fuerza que la palabra. Donde callar y darse tiempo sirve de trampolín para que las frases puedan volverse más ciertas y verdaderas. Reforzada en la introspección del sentimiento, allí es donde la palabra vuelve a tratar de sacarle ventaja al silencio en la carrera en la que vienen cabeza a cabeza y que parece nunca terminar.

Todo indica que esta carrera va a la par de nuestras mareas internas y de nuestro crecimiento, así que veo difícil establecer apuestas en este turf.