Moving, literally

No es que disfrute de propiciar melodramas, pero éste sería un momento digno para hacer abuso de ellos cual escritor de telenovela venezolana. Estoy sentada en mi cama escribiendo, probablemente, el que sea el último post escrito desde esta casa. Ropa en valijas, libros en cajas, biblioteca incompleta y la marca en la pared del cuadro de Andy W. que ya no está.

No es que pretenda exagerar. No, no, tampoco. Pero mañana me voy a subir a un camión y voy a desembarcar en un nuevo lugar que aprenderé a llamar mi hogar.

Repito, no es que quiera sobredramatizar, pero ver todas mis pertenencias apiladas me hace pensar que esto es a very big deal. Es decir adiós a estas 4 paredes que guardan tantos recuerdos y silencios, es decir adiós a una casa que habito desde hace 5 años pero que me vió crecer desde hace casi 25. Es no tener más a mi hermano a 5 metros de distancia y decirle a mis padres que a partir de mañana su rol ya no es el mismo. Es, sin lugar a dudas, saludar más de cerca a la adultez y crecer one big step at a time.

Mañana comienza una nueva etapa y, como todo gran paso, me da nostalgia por lo que abandono y dejo ir. Soy así, me aferro y me cuesta horrores soltar lo relevante e ir hacia adelante sin mirar atrás (a sabiendas de que allí quedan cosas que me importan). Pero por suerte las alas le hacen frente a las garras y logran impulsarme hacia adelante.

Con el sabor indescifrable del miedo siento felicidad, y no puedo esperar a vivir todo lo que se viene. Descubrir nuevos sonidos nocturnos y juegos de luz por la persiana de sábado a la mañana, inventar nuevos rituales de desayuno en un balcón y re-aprender a ser yo, ahora en otro lugar y circunstancia.