Tren-que-tren

En mi nueva rutina de viaje hacia el trabajo (commute), me acompaña el ritual del libro mientras deslumbro con mi equilibrio de surf subterráneo (elegí un libro potentoso y es mejor usar ambas manos para leerlo).

Recorriendo las páginas al ritmo del tren-que-tren y del random musical elegido para la mañana, no puedo dejar de pensar en todo lo que quiero hacer (y en que no puedo esperar para hacerlo).

Pero a veces dudo. A veces me preocupo por la relación entre mi realidad laboral y mi vocación. A veces no sé si tengo realmente una vocación, si es que hay algo que siempre quise hacer, o si es que en realidad día a día voy poniendo nuevas baldozas que construyen e inventan ese camino.

Recorriendo las páginas al compás del tren-que-tren, últimamente no puedo dejar de pensar en todo lo que quiero que hagamos (y no puedo esperar para que lo hagamos). Y entonces, sonriendo bajo el esplendor de las mariposas, si hay algo de lo que no dudo es de la existencia de la felicidad.