Cambio de rol

Acostumbrada a jugar por años el papel de víctima, a ser la que recibía los golpes y lloraba las consecuencias, nunca imaginé que podía ser yo la que en algún momento llegara a causar daño a alguien.

Mucho menos imaginé que al estar del lado del victimario podía sentirse tanto dolor, incluso peor que aquél que se vive siendo el que recibe las balas.

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