Muerte al Grinch

Dando muerte al Grinch, recuperamos los domingos que él se había robado. Volvió la sonrisa porque sí, el extrañar por dos horas. Volvieron el disfrute del no hacer nada y las ganas de que el día no termine. Aparecieron las luchas por la frazada y las tostadas con queso azul. Nació la felicidad del madrugar sólo por amanecer juntos.

Enterremos al Grinch, y sigamos domando mariposas.