Sin lugar para las metáforas

A veces algo ocupa tanto espacio (más del que querrías), que no queda lugar para la metáfora. A veces algo absorbe tanta energía (de la linda), que sólo se siente en el aire un dejo gris que nada tiene que ver con las parábolas.

También hay veces en las que das millones de vueltas con las palabras, tropezás con las ideas, y de prepo te percatás de que todo era más simple de lo que pensabas. Entonces te das cuenta de que se trataba lisa y llanamente de gritar fuerte y claro. Gritar que ya no querés estar ahí. Decir (te) que ese trabajo te agobia y que llorás a diario porque no encontrás otra forma de superar la frustración y el enojo.

Lejos de las metáforas y las palabras disfrazadas. Gritar. Llorar. Y en el momento indicado, alejarse.