De todo se aprende

De todo se aprende, dicen.

Y aunque muchas veces suene a palabras vacías pseudo conformistas del estilo de “tiempo al tiempo” y “todo pasa por algo” creo que, incluso a nuestro pesar, de toda experiencia podemos sacar alguna enseñanza.

Es difícil chocarse las narices y renegar con situaciones desagradables o que nos sacan de nuestro eje confortable. Por eso el desafío está en encontrar el aprendizaje detrás, aunque a veces éste sólo consista en saber que por allí no se debe volver a transitar.

Así es como enfrento (o trato) mí día a día últimamente, con el “todo se aprende” como motto pegado, justamente, en la frente.

Es que claro, es mucho más fácil aprender de lo que nos agrada. Mudarse solo y aprender a cocinar, ir a otro país y aprender otro idioma. Pero cuando la sensibilidad desborda por tus poros, cuando la injusticia y la desidia te enferman y la mediocridad te espanta, se complica mucho más aceptar el proceso de aprendizaje.

So, heme aquí, conviviendo con empleados públicos salidos del sketch de Gasalla, con gente que la ves llegar tranca a las 11:30 cuando vos estás en la oficina desde las 10 o que las llamás 16:40 y ya no están. Y créanme que estoy aprendiendo. A mantener mi convicción de trabajo responsable, a poner límites dentro mío para que este afuera no me invada y a ser yo en un medio que no siento propio.

Estoy segura que un día voy a mirar atrás y veré esta etapa como necesaria. Así como aprendí de viajar aplastada en el Sarmiento y caminarme Once y Liniers, hoy conozco las calles de Barracas y me subo al Roca segura de que detrás de esta zona de paredes sin colores me espera, aunque sea, una enseñanza que me haga crecer.