Aprendiendo

Si algo aprendí en este último año, es que a veces uno tiene que dejar ir ciertas cosas para darle espacio a otras que pueden ser aún mejores.

Nos descubro a mi hermano y a mi compartiendo charlas y salidas. A madre y a mi charlando sobre recetas de cocina. A padre y a mi hablando sobre programas de boxeadores. Y siento que soltarles la mano me llevó a poder abrazarlos mejor.

Si algo aprendí, es que nada cambia por inercia. Que la dirección del cambio la indica cada uno en los pequeños detalles cotidianos. Porque pretender que el cambio nos caiga encima es tan iluso como pretender cambiar al otro. Es tan naif como creer que el cambio se dará de un día para el otro mientras nosotros lo esperamos sentados mirando el techo.

El cambio es progresivo. Es un granito de arena tras otro. Una sonrisa espontánea. Un nuevo camino de casa al trabajo. Un nuevo libro. Un nuevo color de uñas. Un encuentro casual. Una degustación de café.

Yo aprendí a ver que el cambio no es bueno o malo, simplemente es. Y que lo hermoso está en darse cuenta que cambiar no es borrar. Que dejar ir no es eliminar. Que el tiempo pasa, las cosas mutan y nosotros nos transformamos con ellas.