Desmitificando

“Para amar hay que sufrir”. Pfff! No sé quién nos vendió ese buzón!

Tanto nos machacaron el vínculo del sufrimiento y el amor, que muy a pesar nuestro creo que algo de todo eso terminamos por internalizar sin siquiera darnos cuenta.

Y es así como un día te mirás al espejo y no te reconocés. Sos otra vos que juraste nunca ser. Y eso te pesa. Te pesa en los párpados, te pesa en los dedos que no encuentran otro mejor refugio que el teclado.

Cerrás los ojos, volvés a mirar, y ahí caés en la cuenta de que el peso es algo inevitable. Que como dice Italo Calvino, incluso aquellas cosas que elegimos por su levedad terminan tarde o temprano demostrando su insoportable peso. Y que está en vos decidir cómo afrontarlo. Está en vos elegir el camino de la felicidad por sobre el del sufrimiento. Está en vos elegirte y elegirlo. Está en vos aprender a seguir creciendo, sola y de la mano.

Un último pestañeo es suficiente para que termines riendo de tu propia estupidez, de tus errores e inseguridades, y te des cuenta de que nada de todo eso vale la pena. Porque la que escribe esta película sos vos, y la verdad es que se te canta saltearte la parte del sufrimiento e ir directamente hacia la de la felicidad.