Asquerosamente cursi

Cada tanto hay situaciones en las que me imagino cómo serían mis hijos. Más que de raptos de tipo Susanístico (porque si alguien no soy es Susanita, y si tuviera que ser alguien debería ser Libertad -por mi pequeñez y madre traductora de francés-) creo que se trata de una especie de mecanismo cuasi defensivo-reflexivo.

De alguna manera, pensar qué cosas heredarían de mi, qué cosas sería capaz de enseñarles me hace reflexionar acerca de lo que soy hoy. Y aunque suene un poco rebuscado y hasta asquerosamente cursi, creo que la cosa viene bastante por ese lado. No sólo en pensar que quiero encontrar una mejor versión de mi misma para “traspasar” a una nueva generación, sino también como un método de evaluación propio. Una especie de filtrado, de ver qué cosas son las realmente importantes, y de qué cosas podría desprenderme por su carácter desgastante.

Creo que así, de alguna extraña manera, logro bajar todos esos estándares autoimpuestos y recordar todo aquello que no depende de mi. Creo que así, pensando en que no quiero transmitir este afán de exigencia conmigo misma, logro también apaciguarla. Creo que así, pensando en que hay más razones para ser feliz que para no serlo, consigo encontrar mi propio lugar de paz.