La circularidad de lo ridículo

Cada tanto me pregunto cómo sería ser otro, cómo sería no ser yo misma. Me intriga pensar cómo sería lograr el extrañamiento del propio cuerpo y del propio ser para vivir la manera de ser y pensar de otro. Y no es que sean intentos de lograr una personalidad disociada, sino ganas de probar una teoría. La teoría de que no todo el mundo racionaliza, (sobre) analiza y se anticipa a los hechos tanto como yo. La teoría de que hay otra forma posible, aunque yo no sea capaz de vivirla.

Este texto es el mejor ejemplo, y a la vez resulta ser la máxima ironía detrás de todo esto: ponerme a racionalizar el por qué racionalizo, analizar por qué analizo, pensar qué pasaría si no fuera como soy. Es la circularidad de lo ridículo, una mamushka de cuestionamientos interminables que hasta me producen carcajadas.

Lo cierto es que lo más probable es que jamás sepa de por qués. Pero con un poco de empeño puede que encuentre los cómos a esta forma de vivir que forjé y me forjó. Encontrar la fortaleza detrás del cuestionamiento, del movimiento y de la introspección constante, riendo de mi propia ironía. Transformando lo que quiera (y pueda) transformar, y dejándome llevar por esta naturaleza que me tocó, y que elegí.