Procrastinación: Rompiendo hechizos

El martes empecé mi segunda ‘primera clase’ de buceo. Esta vez, no como aquella 12 años atrás, tenía un objetivo claro: certificarme. Las primeras palabras del profesor me quedaron resonando: “los felicito por haber empezado este curso después de posponerlo durante 10 años”. Yo me reí.

La procrastinación se esconde detrás de la rutina y vive de ella, se aprovecha de la falta de tiempo, se ríe de las ganas de hacer taaaantas cosas y se escabulle haciéndose pasar por cansancio. Aunque nos pese, todos hemos sido víctimas (algunas más fatales que otras) de los hechizos de la procrastinación.

Por eso reí. Y creo, creo,  que también por eso sonreí otro tanto.

Sonreí por haber resquebrajado ese hechizo, por haber iniciado algo que en pocos meses tendrá sus frutos. Sonreí porque el movimiento genera movimiento, y porque poco a poco las decisiones se transforman en hechos, los proyectos en algo tan tangible como un pasaje de avión.

La clave, creo, está en empezar con pequeñas cosas, pequeños objetivos que nos lleven a pequeños logros. Porque es cierto que el que mucho abarca poco aprieta, y justamente la procrastinación se alimenta de aquellos que empiezan muchas cosas, y no terminan ninguna.

Empecemos (de a poco) rompiendo hechizos, y concretando proyectos… and the rest will come.