Un ying de sonrisas y un yang de lágrimas

Ahora sí puedo sentarme a escribir, o algo así. Aquí, lejos de las barracas que caminé por 14 meses pero, por suerte, más cerca de mi.

Lo cierto es que por más que haya costado, por mucho que me haya pesado, cualquier camino que me haya llevado a estar más cerca de mi vale la pena haber sido transitado. Ahora no sólo me paseo cerca de lo que logré en este tiempo (que fue mucho!), sino que voy acariciando de a poco lo que puedo llegar a lograr, y lo que ansío encontrar en esta nueva ruta.

Después de todo la vida es eso. Una etapa que, acarreando su equipaje, cierra una etapa anterior hasta ser cerrada por otra etapa posterior, and so on. Una sucesión impredecible de fases, cada una tan necesaria, cada una tan valiosa.

La vida es eso, un ying de sonrisas y un yang de lágrimas, cada uno tan necesario, cada uno tan valioso.