Estambul: dejando atrás los prejuicios

Viajar, ante todo, significa dejar atrás prejuicios. Prejuicios sobre uno mismo, sobre los demás y acerca de lo que nos rodea. Me atajo antes de seguir diciendo que mi concepción de “prejuicio” no apunta para nada a lo peyorativo, hablo del juicio (valoración) previo, las ideas que uno se hace de antemano acerca de algo, un lugar, una persona, y hasta sobre si mismo.

Conocer Estambul fue para mi dejar los (aunque escuetos) juicios previos que tenía de la ciudad basados en viejas imágenes hollywoodenses y comentarios poco objetivos de conocidos armenios. La realidad es que incluso la información histórica que recordaba se reducía a una visión bastante recortada y occidentalizada de los hechos: Bizancio, Constantinopla, el Imperio Otomano… y 500 años más tarde un jóven yankee queriendo llevarse hachís de recuerdo. Punto.

Después de una primera experiencia olvidable con el taxista que nos llevó desde el aeropuerto al grito de “Hotel prrrrrrroblemmmm”, todo entre nosotros y la ciudad fluyó increíblemente: la comida nos encantó, encontramos la forma de no gastar 3 liras cada vez que nos subíamos a un transporte sacadando la “Istanbulcard” (básicamente lo mismo que la SUBE), el departamento-hotel era lo más y tenía máquina de café con cápsualas de cortesía. En fin, fluyó muchísimo. Y descubrí, ante todo, una ciudad que no esperaba me generara tanto.

Las colinas y el Bósforo

Las colinas y el Bósforo

Estambul se disfraza de Europa y Asia a la vez, es Unión Europea y quiere ser ciudad olímpica en el 2020, pero que aún siendo turística no deja de ser auténtica en sus costumbres, sus calles, su gente, sus aromas, sus sonidos y sus comidas. Creo que justamente eso es lo que quedó más marcado en mi después de conocer la ciudad de las 7 colinas, la idea de que es posible mantener la identidad frente a la integración regional, y que ambos conceptos pueden unirse y complementarse.

Estambul es también un monumento a la convivencia de dos mundos. Está a orillas de dos continentes (separados por el  Boğaziçi – Bósforo-), fue centro estratégico de la Cristiandad y hoy tiene mil y un mezquitas. Y esta es otra de las grandes razones por las cuales esta ciudad me impactó tanto: la posibilidad de convivencia de lo distinto, el melting pot cultural. Claro que no siempre fue de esta manera, y claro que hay hechos históricos que jamás debieron suceder. Pero aún así, creo que lo positivo está en esa posibilidad que da la historia de aprender de los errores, de tomarlos como un punto de inflexión que permita estar en camino hacia algo mejor.

Lo de hoy fueron impresiones. Los lugares turísticos vienen en la próxima…