Beaucoup d’amour

El viernes se cumplieron tres meses del día en que me tomé un avión desde Buenos Aires para venir a París. Lentamente, el trajín y la emoción del primer mes y medio devinieron en una nube de conciencia y aprehensión. En caer en la cuenta de que había dejado una vida entera allá y ahora estaba acá, tratando de encastrar piezas para armar algo nuevo. Hubo lágrimas, preguntas y replanteos en el medio, días de añorar Buenos Aires, días de aprender (y aprehender) a hacerme cargo y reivindicar mi decisión de estar acá.

Medio de imprevisto, viajando de vuelta desde Bélgica me encontré con la sensación de estar contenta por volver. Fue algo así como un sentimiento de saudade que te hace añorar tu cama, tus cosas, los olores y juegos de sombras en la pared que hace la luz a través de la ventana, tu ventana. Fue extraño y al mismo tiempo lindo, como enamorarse por segunda vez. Sólo había experimentado eso con Buenos Aires, con mi cama de allá y mi ventana de allá, y ahora me pasaba con mi cama de acá y mi ventana de acá.

Así, París dejó de ser la de la chica de la foto y se volvió real. No siempre posando, no siempre espléndida, pero hermosamente real. Se convirtió en ese lugar al que hoy vuelvo y elijo para esta etapa.

Elegir te aleja de cualquier posibilidad de sentirte ajeno. Y quizás por eso todavía no puedo sacudirme toda esta tristeza que se me pegoteó aún más cuando me topé con varias camionetas de policía en la esquina de mi casa, o cuando vi que el acceso al parque por el que me gusta caminar los fines de semana estaba cerrado.

Ayer París estuvo de luto, su cielo vestido de gris, sus calles solitarias. Guardó las mesitas de sus miles de cafés y estuvo puertas adentro. Improvisó almuerzos entre vecinos, colgó banderas y prendió velas en sus ventanas, se paralizó con las ruidos de sirenas y helicópteros y se mantuvo más silenciosa que nunca.

Ayer París lloró y pataleó, pero hoy se levantó con sol y empezó a juntar fuerzas para afrontar los tiempos que van a venir. Porque como leí por ahí, il va falloir beaucoup beaucoup beaucoup d’amour (va a hacer falta mucho mucho mucho amor) para seguir adelante.